“Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte”. (San Agustín)

San Agustín nos invita a adentrarnos en nuestro interior, a reflexionar sobre nuestra oración y nuestra amistad con Dios, y nos recuerda que debemos estar atentos a la voz de Dios.

Pero antes debemos de abrir nuestro corazón, dejar que él entre a nuestro ser: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3, 20) Debemos acercarnos con sinceridad, humildad, confianza, y fe, sabiendo que él nos escucha; creer que nos dará lo que necesitamos, especialmente la gracia para fortalecer o comenzar una amistad verdadera con Dios; todo comienza con dejarnos amar por quien nos ama.   

Edna Saquic

Aspirante MAR