ESTATUTOS DEL SECRETARIADO DE FORMACIÓN

 1)Marco Referencial:

 

  1. Historia

 La congregación desde sus albores aparece comprometida con la formación. La Madre Carmela Ruíz en China, en calidad de maestra de novicias de la Congregación de las Catequistas Agustinas de Cristo Rey, congregación autóctona fundada por Mons. Francisco Javier Ochoa el 28 de junio de 1935, brinda formación a las jóvenes que inician su camino en dicha congregación.

El 3 de enero de 1940 M. Carmela Ruíz en compañía de M. Esperanza Ayerbe sale de Kweitehfu, China rumbo a España, alimentando la idea de la fundación de una casa noviciado, en donde se formaran las misioneras que luego irían a China. Es así como en septiembre de 1941 fundan en Monteagudo, la primera casa noviciado, a donde van llegando jóvenes que sienten el llamado del Señor y con una fuerte inclinación misionera. Madre Carmela se dedica a formar las dos primeras aspirantes Irene Fabrizi y Juanita Iparraguirre. A partir de ellas, una larga lista de misioneras inicia una vida de oración, sacrificio, trabajo, entrega en medio de la vida comunitaria, preparándose para expandirse por España y varios países de América.

Al llegar a Colombia rápidamente gestionan el permiso para abrir una casa noviciado en Bogotá y con fecha 29 de enero de 1946 el arzobispo de la ciudad firma el decreto de erección canónica del noviciado. La congregación fue bendecida con generosas y abundantes vocaciones que gozaban no sólo del testimonio y enseñanza de las hermanas que habían llegado a Colombia, sino incluso de M. Ángeles quien desde China llamaba a las novicias “mis queridas florecillas”. M. Esperanza colocó todo su empeño en la tarea de maestra de novicias, cargo que desempeñó hasta el 20 de diciembre de 1949 cuando es nombrada sor Visitación Herce del Corazón de María.

En Brasil las hermanas que salieron por la invitación de Mons. Ignacio Martínez, fundaron la casa noviciado en Lábrea, posteriormente fue trasladada a Jacarepaguá, Río de Janeiro en 1941, de modo que cuando se erige la congregación ya tenía noviciado que en 1970 fue trasladada a Cariacica.

En España buscando las mejores condiciones para el noviciado y la casa madre, el 10 de mayo de 1947 compran un terreno en Monteagudo, a donde se trasladó en 1954.

Cuando se realiza la Unión con las Agustinas Terciarias de Cali, esta congregación contaba con 10 novicias que recibían su formación en el Convento de La Merced, el noviciado luego pasó a Bogotá, un poco tiempo en Cali, retornó a Bogotá, en donde actualmente funciona el Noviciado común de la congregación.

En Venezuela también existe la preocupación por brindar buenas condiciones para que las jóvenes se formen.

Pero no solamente el interés estuvo en brindar espacio físico. Las constituciones reflejan el interés por la formación propiamente dicha. Monseñor Ochoa dedicó todos sus esfuerzos por plasmar en el segundo texto constitucional lo fundamental que toda Agustina Recoleta Misionera de María debía aprender para vida “… la humildad, la mansedumbre y sobretodo la caridad de ese mismo Corazón”. Dicho texto fue aprobado junto con el Decreto de alabanza el 5 de junio de 1964.

Dentro del interés por adecuar la formación según las indicaciones del concilio Vaticano II, la congregación organiza la etapa de juniorado asignando una maestra para continuar la formación recibida en el noviciado.

En el afán de dar una mayor organización a la congregación, el tercer texto constitucional (1969) quedó con las normas fundamentales o principios básicos que no cambian con el tiempo, dejando para el Directorio y el Ritual las normas secundarias o accidentales sujetas a variantes temporales.

En el cuarto texto constitucional fruto del trabajo del V Capítulo General de 1975, la congregación con empeño acoge las indicaciones recibidas del Concilio Vaticano II en su Decreto para la renovación de la Vida Religiosa, donde se advierte que “ordenándose la vida religiosa, sobre todo, a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la práctica de los consejos evangélicos, hay que pensar seriamente en que las mejores acomodaciones a las necesidades presente no surtirán efecto si no se vivifican con una renovación espiritual, a la que siempre hay que atribuir la fuerza principal en la ejecución de las obras externas”.

Para ello el V Capítulo General convencido de la necesidad de una profunda renovación de la Congregación, ofrece el nuevo texto y urge al consejo general promueva por los medios que juzgue más adecuados una mentalización y puesta en práctica de las misma y ordena se fomente su estudio y reflexión a todo los niveles, sobretodo en reuniones de comunidad, con miras a una mayor vivencia de las mismas. La Madre María Dolores Belza invita a todas las hermanas a descubrir en las constituciones un rico contenido teológico, de espiritualidad agustiniana auténticamente evangélica y principios de acción y de comunión dinamizados por el carisma fundacional Misionero. Elementos, todos estos, esenciales para el desarrollo y progreso de la Congregación en orden a lograr una más eficaz inserción en la Iglesia y colaborar en ella en la extensión del Reino.

Con el fin de promover el estudio del texto, el gobierno general elabora un texto llamado “Llegan las Constituciones”, en donde además del texto propiamente dicho aparece el derecho particular, la importancia de la historia de cada instituto, hacia la conversión y reconciliación, actitudes que se pueden presentar al llegar las constituciones, ambiente de oración y último sexenio de experiencia.

Momento de gran importancia para la formación permanente es el curso de renovación, en el que cada hermana debe participar por lo menos cada 5 años. La congregación deja abierta la posibilidad de que las hermanas puedan beneficiarse de algún tiempo especial de reflexión y oración, que les ayude en el proceso de formación.

El VII Capítulo General encomendó la redacción de las Directrices Generales de Formación en 1988, las que fueron elaboradas, revisadas y finalmente publicadas en 1989. En ellas se acoge la invitación de la Iglesia de elaborar un proyecto de formación inspirado en el carisma, en el que se presente de manera clara y dinámica el camino a seguir para asimilar plenamente la espiritualidad del propio instituto.

Las Directrices quieren indicar el modo de transmitir el espíritu de la congregación a las nuevas generaciones, para que sea vivido con autenticidad en las diversas culturas y circunstancias y mostrar a todas los medios para vivir el carisma en las diferentes fases de la existencia hacia la plenitud de la fe en Cristo y dando respuesta a los que el mundo plantea. Pretende ser un instrumento que ayude a ser creativamente fieles al carisma y a mantener la unidad de criterios en la formación respetando el necesario pluralismo.

En ellas aparecen claramente el objetivo que la Congregación busca para la formación, los criterios, los agentes de formación, los aspectos o contenidos de la formación, los instrumentos para la formación, la evaluación y el discernimiento y las etapas: pastoral vocacional, aspirantado, postulantado, juniorado y formación permanente, cada una con los aspectos específicos.

En el XI Capítulo General se acordó crear un noviciado común para Europa y América con sede en Bogotá. Viendo la necesidad de unificar criterios se organizó un encuentro de formadoras en octubre de 2012 en Bogotá que produjo el documento Anexo a las Directrices Generales de Formación que complementa y precisa algunos criterios que las Directrices plantean, a la vez que ofrece una redacción actualizada de las fichas de evaluación para cada etapa.

Previamente se elaboró el perfil de la misionera agustina recoleta que queremos ser, con el mismo esquema expuesto para las etapas de postulantado, noviciado y juniorado: conocimientos, convicciones, actitudes para la comunión y acciones para evangelizar, marcando así un derrotero para la formación permanente. Complementar criterios para la etapa de aspirantado, quedó asignado a las superioras mayores.

El interés por brindar formación se ha expresado, además de las acciones citadas, en las cartas de las superioras general y provincial, charlas formativas con preferencia por parte de los agustinos recoletos, cursos de renovación, asambleas, trabaos enviados por los secretariados de formación, la constitución de los equipos de formación, los capítulos de formación, participación en encuentro de formadoras de la familia AR, formación para formadoras, asistencia de las formandas a los Centros de Estudios Religiosos de las Conferencias de Religiosos de los diferentes países y el aprovechamiento de las diferentes ofertas formativas.

El XII Capítulo General, celebrado en el año 2017, dentro del espíritu de revitalizar en cada hermana la vivencia del carisma, y de fortalecer en la congregación la formación, acordó constituir el postulantado común y el juniorado común, a la vez que encomendar a la consejera de formación la atención a estas tres comunidades, velar por las formandas que se encuentran fuera de las casas de formación y organizar el programa de formación permanente; trabajo a realizar junto con el Secretariado de Formación.

  1. Principios: nuestra apuesta, motivaciones y elementos propios de nuestra identidad

 Consideramos que la formación es un proceso vital de asimilación de los sentimientos de Cristo y un crecimiento en su seguimiento, que abarca todos los aspectos de la vida concreta de la persona, según el propio carisma de la Congregación en sus dimensiones misionera, comunitaria y contemplativa (Cf. CC No. 101).

Criterios:

+ Fidelidad a Cristo y al Evangelio

+ Fidelidad a la Iglesia y a su misión

+ Fidelidad creativa al carisma de la congregación

+ Fidelidad al hombre y a nuestro tiempo

+ Aprender haciendo

+ En proceso de conversión

+ Progresiva que abarque todas las dimensiones humanas, cristiana, religiosa en el carisma

  1. Sujetos de la acción

 Todos los actuales miembros de la Congregación, hermanas profesas y futuras, las formandas que ahora se encuentran en las etapas iniciales y quienes vayan llegando a la Congregación.

  1. Documentos de referencia

 Evangelio, Derecho Canónico, Regla de san Agustín, Constituciones, Directorio General, Directrices Generales de Formación, Anexo a las Directrices Generales de Formación y las normas que emanen de la Iglesia.

  1. Marco Operativo:

 Clave de Vida: Objetivo General Estratégico

 Atender en todas las etapas las dimensiones: humana, cristiana, religiosa en el carisma, de manera integral y articulada, generando compromiso, responsabilidad, fidelidad, permanencia y autonomía, de tal manera que cada misionera agustina recoleta viva en dinámica progresiva su consagración en la Iglesia, el proceso de revitalización de la Congregación y su seguimiento radical a Cristo-en-misión, que proyecte fraternidad e interioridad y se sienta misionera a lo largo de todos los ciclos de la vida.

  1. Opciones Congregacionales:

 

Opción congregacional

Estrategia

Aspirantado:

 

1. Conocer a la joven y que nos conozca y lograr que la joven adquiera una mayor fundamentación teórica y experiencial de la fe, que le permita proseguir su búsqueda vocacional.

 

 

Que la joven durante el proceso de aspirantado, logre una vivencia de la fe desde su realidad.

 

Tenga un mínimo de conocimiento, de la congregación y la identidad carismática, para lograr fomentar y cultivar la espiritualidad MAR.

 

 

1.3. Se le brinde ayuda psicológica, si fuere necesario, para su autoconocimiento y superar situaciones conflictivas detectadas.

Postulantado:

 

2. Lograr que la joven haga  la transición gradual de su anterior régimen de vida al propio del noviciado, y se prepare para asumir las exigencias del mismo, asimilando los valores fundamentales para vivir la consagración religiosa (cf. CC No.

120) y atender las situaciones humanas a trabajar, con ayuda psicológica si fuere necesario.

Se acompañe el proceso de crecimiento en la espiritualidad MAR, para lograr la firmeza y claridad en la opción de vida consagrada en la congregación.

 

Se ofrezca introducción carismática e histórica para afianzar la opción de vida consagrada desde el SER MAR.

Noviciado:

 

3. Lograr que la novicia comprenda, interiorice y se ejercite en la práctica de los consejos evangélicos y en las exigencias de la vida religiosa MAR de tal manera que al final del noviciado, si se considera llamada, pueda optar, en forma consciente y válida, por la vida consagrada según nuestro carisma. Y que la congregación compruebe la idoneidad de la candidata (cf. CC No.

121; c 646).

Se acompañe el proceso de integración oración, estudio y vida comunitaria.

 

Se fortalezca el sentido de donación total a Dios y de servicio a los hermanos.

 

Se ofrezcan espacios de contacto con la realidad.

Juniorado:

 

4. Lograr que la joven profesa se capacite (formación teológica, civil, profesional) para cumplir con responsabilidad su misión en la Iglesia, la búsqueda de respuestas a las nuevas necesidades, a través de su consagración definitiva a Dios en la congregación y para integrar en la vida misionera su propia identidad, su experiencia de Dios, su vivencia de los votos y el compromiso de vida comunitaria (Cf. CC No. 127) y para

buscar respuestas a las nuevas necesidades.

Se acompañe el proceso de integración oración, trabajo, estudio, proyección       misionera,          vida comunitaria.

 

Se promuevan experiencias de atención a nuevas necesidades.

Formación permanente:

 

 

5. Revitalizar la propia originalidad y la alegría de vivir, buscando superar las situaciones difíciles, para lograr la realización personal en el seguimiento radical de Cristo, atendiendo de manera especial las situaciones humanas no sanadas.

Que logre una profundización continua de la fe para conseguir una progresiva identificación con la persona de Jesús, con su evangelio y con los valores del Reino.

 

Que fortalezca la espiritualidad carismática MAR.

 

Que integre, asuma y oriente todos los elementos de la vida personal y comunitaria, en función de las opciones que supone la consagración para la misión, en fraternidad e interioridad.

Que crezca en coherencia cada vez mayor entre los trabajos que se van asumiendo y las exigencias de un mundo en continua transformación, de una Iglesia comprometida con la justicia y los más pobres, y del propio carisma adaptado a las diferentes épocas y culturas.

 

Que se revitalice la entrega al servicio del Reino, para testimoniar la alegría del ser consagradas.

 

Nota:

 Para alcanzar la clave de vida en cada una de las etapas, se has elaborado el Itinerario formativo de las Misioneras Agustinas Recoletas. (Ver anexo) en donde se especifica:

  1. Área formativa o dimensión.
  2. Ejes pedagógicos o líneas fundamentales de formación.
  3. Ejes temáticos o conceptos y valores centrales
  4. Objetivos que tiene la persona/comunidad
  5. Cómo se acompaña o Sabiduría de la interioridad, comunidad y misión
  6. Cuáles instrumentos o Medios pedagógicos
  7. Cómo se verifica. Criterios de discernimiento
  8. Quiénes lo realizan o agentes formativos responsables del acompañamiento. En este punto se tiene en cuenta que el primer agente responsable es la propia persona, por eso sólo se colocan las mediaciones que facilitarán la respuesta de la persona a Dios.

 

  1. Estrategias:

 A nivel de cada etapa las estrategias propias quedarán desarrolladas y precisadas en el programa de la etapa, incluido en el proyecto comunitario respectivo.

  1. Organización:
  1. Estructura y Equipos

 El Secretariado de formación cuenta con:

  • El Secretariado de Formación, constituido por la consejera de formación, la encargada del postulantado, la maestra de novicias, la maestra de junioras y una hermana más. Para este momento como la consejera de formación es la misma maestra de novicias, se ha nombrado además a otra hermana. Actualmente está conformado por las hermanas: Myrian del Carmen Neira G, consejera de formación y maestra de novicias; Delza Rita Bassini Fioresi, maestra de junioras, Vilma Lessa da Cunha, encargada de las postulantes; Marina García A y Magdalena Chen. Este Secretariado marca las directrices de acción.
  • Las comunidades del postulantado común, noviciado común y juniorado común: La formadora, la comunidad formadora y el capítulo de formación que está integrado por la maestra respectiva y las hermanas nombradas por la superiora general con el consentimiento de su consejo. Las comunidades cuentan con el Itinerario formativo para la elaboración del programa respectivo.
  • Las comunidades donde hay formandas cuentan con el Itinerario formativo que contiene las orientaciones para la formanda y las precisiones que haga la respectiva encargada.
  • Todas las comunidades que conocen el Itinerario formativo y reciben el programa de formación para la etapa de formación permanente.

Organizaciones de apoyo: Institutos intercongregacionales a donde asisten las formandas.

  1. Recurso humano necesario y perfil de liderazgo

 Para la formación en la vida religiosa dos son los agentes implicados: Dios y la propia persona.

Dios es el primer agente de la formación en la fe y en la vida religiosa, ya que Él llama a cada uno y actúa constantemente en lo más profundo del alma, allí donde habita Cristo, verdadero Maestro, por quienes todos somos instruidos (De Magistro, 11,38 PL. 3216).

Dios que llama, sostiene siempre con su gracia la libertad del hombre, para que su imagen, en la que fuimos creados, se renueve en nosotros hasta formar al hombre perfecto en Cristo, según el carisma de la congregación.

La propia persona (Cf. CC. 105; OFIR. 29). El primer agente humano de la formación es la propia persona, ya que a la llamada de Dios sigue la respuesta personal, irreemplazable, de quien acepta la invitación y sus consecuencias.

Quien confiere unidad y sentido a los fines, estructuras y quehaceres formativos, es la persona en formación, comprometida libre y responsablemente en un proyecto de respuesta a la vocación religiosa. El que te creó sin ti, no te justificará sin ti (S. Agustín, serm.169, 11.13).

Esta relación de fe sólo es posible a través de mediaciones humanas:

  1. Mediaciones humanas dentro de la congregación:

Las formadoras deben ser firmes en su vocación, conocedoras y amantes en profundidad de la Congregación, prudentes y emocionalmente equilibradas; deben distinguirse en las virtudes características de la congregación; ser mujeres de oración y que busquen vivir en clima de conversión y actualización constante (Cf. CC No. 109).

En el caso de la maestra de novicias debe tener cinco años de votos perpetuos, condición que puede dispensar la superiora general (Cf. CC No. 113).

Deben ser personas debidamente preparadas y actualizadas, según el espíritu de la Iglesia y el carisma propio de la congregación: que sepan tener en cuenta la realidad personal de las formandas, para adaptar a la misma los contenidos de los programas y las exigencias de las etapas correspondientes.

Además de una profunda experiencia de Dios e identificación con el carisma deben tener suficiente flexibilidad mental y capacidad de adaptación a los nuevos tiempos y circunstancias. Así mismo, un adecuado sentido histórico, formación sociopolítica y experiencia de compromiso apostólico (Cf. DGF No. 26).

La comunidad local está comprometida en la acción formadora, siendo así que la respuesta a Dios, aunque sea individual, se realiza en comunión con las que recibieron la misma llamada. Debe crearse un ambiente comunitario de actualización, de búsqueda y deseo de capacitación continua y progresiva para responder a las necesidades pastorales que van surgiendo (Cf. CC. 107). La ayuda fraterna en la comunidad es imprescindible en la formación progresiva y actualizada de las hermanas, a todos los niveles (Cf. CC. 107-108).

En las comunidades que haya jóvenes formandas, siéntanse todas las hermanas responsables de su acogida y formación, siendo abiertas y comprensivas con la diferente forma de ser de la nueva juventud, y ayudando en el discernimiento a la hermana encargada.

La comunidad formadora (Cf. OFIR 27; CC. 107) es la comunidad que acoge a las formandas en las etapas iniciales. En estas comunidades es indispensable un clima de comunión, oración y trabajo centrados en los objetivos propios de la etapa, y que incluyen:

– Una actitud de apertura por la que se llega a acoger cuantos elementos y medios nos llevan a crecer como personas, de acuerdo con nuestro carisma. Apertura que se caracteriza por la espontaneidad, serenidad, sencillez, visión objetiva de los hechos y personas; naturalidad en las relaciones.

– Una actitud de conversión en clave de evangelio que permite aceptar el cambio y las situaciones nuevas.

  • Un clima fraterno en donde se acepta las debilidades, se ofrece el espacio para el cambio, hay actitud de misericordia para perdonar y se vive en austeridad.

– Un compromiso serio en el trabajo apostólico debidamente preparado, planeado, acompañado y evaluado en comunidad, donde las formandas se van insertando progresivamente.

  • Disponibilidad de las hermanas para colaborar en el desarrollo de los programas.

La superiora local es la primera responsable de la comunidad, es la que anima, coordina y asegura la marcha de la misma, para que se realice la formación de sus miembros de la importante misión que tiene que cumplir (Cf. CC. 108; Drt. 164). La superiora es la que impulsa y coordina la comunidad en la búsqueda de los medios para actualizar su formación teológica, misionera y profesional, con el fin de que las hermanas, personal y comunitariamente, se inserten en la comunidad local para ser en ella signos y agentes del reino.

Capítulo local o capítulo de formación de la casa donde están las formandas de las etapas iniciales, junto con la hermana encargada de la formación de las mismas, examina, da orientaciones, discierne y da su juicio a la autoridad competente sobre la idoneidad de la candidata, para su admisión a la etapa siguiente.

Experiencia apostólica (Cf. Drt. 65) de seis meses de experiencia apostólica se realizarán en lugares y condiciones que estimulen y acrecienten en las novicias el espíritu misionero y posibiliten la experiencia de integración oración-vida comunitaria-misión.

Esta experiencia debe planificarse adecuadamente teniendo en cuenta la capacidad de la formanda y el plan pastoral de la Iglesia local donde se va a realizar. La novicia, durante este tiempo, debe ser acompañada por una hermana y evaluada al menos dos veces.

La maestra de novicias seguirá de cerca el proceso de las formandas durante este tiempo.

Experiencia fuerte de misión: A partir del tercer año de juniorado, etapa que tendrá una hermana de la comunidad donde se encuentre la juniora y que será la responsable del acompañamiento según las orientaciones de la maestra de junioras.

  1. b) Mediaciones humanas externas a la comunidad:

Orientación espiritual o acompañamiento espiritual bien entendido y tomado realmente en serio, es una ayuda para vivir en creciente fidelidad a las exigencias propias de la vocación (Cf. CC. 106).

La Iglesia local a través de las conferencias episcopales nacionales, son agentes importantes de la formación, por las pautas y sugerencias que señalan al respecto, así como por las indicaciones acerca de las áreas prioritarias de la tarea pastoral.

También la conferencias de religiosos prestan un servicio incalculable al organizar centros intercongregacionales de estudios para religiosas; cursos, etc.

El Confesor: en el noviciado se nombrará un confesor ordinario al que pueden acudir as formandas frecuentemente. Tienen plena libertad para ir o no al mismo. Según lo consideren necesario (c. 630,3).

  1. Aspectos metodológicos esenciales
  • De la formación

 Pedagogía: Modelo bíblico-teológico-antropológico

Pretende suscitar en la joven la misma disponibilidad radical y el mismo sentimiento de inmenso amor que movió al Hijo a hacerse hombre, a convertirse en un siervo humilde, obediente y libre para dar su vida por amor a la humanidad.

Centrada en el diálogo con la formanda o hermana, ya que no se trata de imponer sino de sugerir, guiar y acompañar hacia el interior de una misma familia

–esto supone un contacto personal intenso, sobre todo en las etapas iniciales, en el que se comparte la vida entera- y ayudar a adquirir y fortalecer determinados conocimientos, convicciones, actitudes y acciones que le permitan vivir en libertad personal los valores comunitarios y ponerse delante del Señor en actitud de búsqueda de su voluntad y de los caminos de su seguimiento por el camino de la Kénosis (Cf. DGF 27).

Método:

 Formación para la libertad a través de la asimilación de los sentimientos del Hijo hacia el Padre, según el modelo de la Kénosis.

Principios metodológicos:

 + La persona como centro

+ Aprender haciendo

+ Aprender a aprender

+ Aprendizaje en comunidad, en ambiente de familia

+ Acompañamiento personalizado

+ Personalización de la formación

+ Participación de todos los agentes

+ Dinámica progresiva (cada vez en forma más profunda: espiral)

+ Dinámica integral (conocimientos, convicciones, actitudes y acciones)

Etapas:

 + Aspirantado

+ Postulantado

+ Noviciado

+ Juniorado

+ Formación permanente:

En el Itinerario formativo de las Misioneras Agustinas Recoletas, aparecen reflejados la pedagogía, el método, los principios metodológicos, según la etapa.

  • Del Secretariado
  • Ámbitos de Decisión, de opinión

El Secretariado de Formación tiene en cuenta las características propias de los secretariados según aparecen en las CC 167 y DG 121 en donde aparece que son órganos de carácter administrativo con funciones de información, iniciativa e impulso.

  • Distribución de responsabilidades:
  1. Todas las hermanas del Secretariado participan activamente en la elaboración de los documentos, en las líneas de acción y presentan iniciativas.
  2. Cada formadora elabora lo propio de cada etapa y lo pone en consideración del secretariado.
  3. La consejera general elabora las actas de reunión del secretariado
  4. La consejera general sirve de enlace con el gobierno general para presentar las iniciativas, trabajos y sugerencias.
  5. La consejera general convoca las reuniones del Secretariado.
  • Frecuencia de reuniones y encuentros: Mensualmente encuentro vía online

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