+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. El respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue.

¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?»

«El primero», le respondieron.

Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él». Palabra del Señor.

¿QUÉ DICE EL TEXTO?

A partir del capítulo 21 del evangelio, con la entrada de Jesús en Jerusalén, los acontecimientos parecen precipitarse: la hostilidad de los dirigentes judíos se hace más manifiesta y todo va apuntando al desenlace final en la cruz.

Comprenderemos mejor el evangelio de hoy si dedicamos un momento a leer los versículos anteriores (Mt 21,23-27). ¿Quiénes son los interlocutores de Jesús? ¿Qué es lo que ponen en duda? – Mientras Jesús desarrollaba su ministerio en Galilea, los dirigentes judíos contemplaban sus palabras y las obras que realizaba como una amenaza lejana. Pero ahora, esta amenaza se ha trasladado a Jerusalén y se encuentra en el lugar más significativo del judaísmo: el templo. Por eso, en un contexto de abierta hostilidad, los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo van al encuentro de Jesús mientras enseña y le interrogan acerca de la autoridad con la que actúa. Jesús responde con tres parábolas, la primera de las cuales, que se encuentra sólo en el evangelio de Mateo, forma parte del relato que acabamos de leer (Mt 21,28-32).

Si ponemos un poco de atención observaremos que la parábola aparece enmarcada por dos preguntas. ¿Qué quiere saber Jesús en cada caso? ¿Cómo actúan los hijos de los que habla la parábola?

– Las palabras finales de Jesús tienen como protagonistas a los publicanos y a las prostitutas, cuya actitud se contrapone a la de los sacerdotes y ancianos de los judíos.

– Lo verdaderamente importante para entrar en el Reino de Dios es cumplir la voluntad del Padre. Jesús responde así una vez más a quienes le acusaban de ser cercano a los marginados de la sociedad, recaudadores de impuestos, prostitutas, pecadores… Las normas sociales que declaraban a alguien proscrito son cosa del pasado; ahora, la única norma vigente para el discípulo de Cristo es la realización de la voluntad de Dios.

DEL MENSAJE DEL PAPA A LOS MIGRANTES Y REFUGIADOS 2020

“Es necesario conocer para comprender. El conocimiento es un paso necesario hacia la comprensión del otro. Lo enseña Jesús mismo en el episodio de los discípulos de Emaús: «Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo» (Lc 24,15-16). Cuando hablamos de migrantes y

desplazados, nos limitamos con demasiada frecuencia a números. ¡Pero no son números, sino personas! Si las encontramos, podremos conocerlas. Y si conocemos sus historias, lograremos

comprender. Podremos comprender, por ejemplo, que la precariedad que hemos experimentado

con sufrimiento, a causa de la pandemia, es un elemento constante en la vida de los desplazados.

Hay que hacerse prójimo para servir. Parece algo obvio, pero a menudo no lo es. «Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le

vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó» (Lc 10,33-34). Los miedos y los prejuicios —tantos prejuicios—, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden “acercarnos como prójimos” y servirles con amor. Acercarse al prójimo significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses. Este estar cerca para servir, va más allá del estricto sentido del deber. El ejemplo más grande nos lo dejó Jesús cuando lavó los pies de sus discípulos: se quitó el manto, se arrodilló y se ensució las manos (cf. Jn 13,1-15)”.

SAN AGUSTÍN COMENTA

Mt 21, 28-32: Tú  alabas a quien expone la palabra, yo busco quien la cumpla

¡Ea, hermanos!; volveos a vuestro interior, examinaos, interrogaos, respondeos la verdad y juzgaos sin consideración hacia vuestra persona, emitid una justa sentencia. Advierte que eres cristiano, que frecuentas la iglesia, que escuchas la palabra de Dios y que te emocionas de alegría con su lectura. Tú alabas a quien la expone, yo busco quien la cumple; tú —repito— alabas a quien habla, yo busco quien la cumpla. Sermón 178, 6-7

¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?

“¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”: ¿Qué significa en mi vida cumplir la voluntad del Padre? ¿En algunos momentos de tu vida has dicho que “no” a Dios? ¿Qué consecuencias te ha traído?

– “Ve a trabajar hoy en la viña”: ¿Cómo es el rostro de Dios que nos propone el evangelio?

“Pero después se arrepintió y fue“: ¿Cuál es en este momento el punto central de mi compromiso cristiano? ¿Mi vida es coherente con la fe que proclamo de palabra?

– “Los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros…”: ¿Desde qué criterios valoro a las personas?

Tú alabas a quien la expone (la Palabra de Dios), yo busco quien la cumpla (s.178). ¿Cómo es tu escucha de la Palabra de Dios? ¿Cómo cumples la Palabra de Dios en tu vida?

Ora con la frase: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad” (Sal 39,6).

¿QUÉ ME HACE DECIR EL TEXTO A DIOS?

Gracias Señor por tu Palabra de vida, que me ayuda cada día a discernir para hacer tu voluntad. Perdona las veces que me acomodo y prefiero hacer mi voluntad, buscar mi gloria y no pensar en tu proyecto de Reino para que todos seamos y nos sintamos hermanos. Te pido de manera especial hoy por tantos desplazados y refugiados que huyen de la angustia, la persecución y la escasez. Dame la fuerza cada día, para recapacitar y poder así, descubrir qué quieres de mí.  

Oración colecta

Dios nuestro, que manifiestas tu poder sobre todo en la misericordia y el perdón, derrama sin cesar tu gracia sobre nosotros, para que, deseando tus promesas, nos hagas participar de los bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.