Y nosotros ¿también?

 

Es la pregunta que se nos plantea después de haber vivido la cuaresma, porque si  la Pascua es lo más grande de nuestra fe, nuestra vida debe estar marcada por lo que la pascua es, ofrece y compromete. 

 

La Pascua es el Misterio más grande de nuestra fe. Cristo ha resucitado y la Muerte ha quedado vencida porque su Resurrección la mató. San Agustín nos dice: – “Mediante su Pasión, Cristo pasó de la muerte a la vida. La Pascua es el paso del Señor”. 

 

Ya dejamos atrás los días de Pasión y muerte. Seguiremos venerando la cruz que fue el medio que nos hizo cruzar a la otra orilla de luz y de vida eterna. Sin cruz…. no se llega. No se alcanza la resurrección. ¡Cristo resucitó y su tumba quedó vacía!

 

Al volver a los días de trabajo, podremos reconocer signos de la Pascua que hemos vivido. ¿Hemos sentido que el Señor ha pasado y nos ha dejado alguna huella con su resurrección, con su nueva vida?

 

Jesús pasó al Padre.  ¿Y nosotros….? Tenemos todo un camino por recorrer, un camino lleno de opciones en donde definiremos nuestra propia existencia. San Agustín decía en el Sermón 362,23 “Cuando se efectúa el alejamiento de cualquier obra mala, se produce una cierta muerte en el alma y resucita en sus obras buenas”.

 

Que podamos cada día cantar aleluya, que sea expresión de la alegría, de esa “alegría que está en lo interior, donde no penetra nadie sino aquel que oye al que gime y corona al que espera” TEJ 14,2