Inició el mes de enero de 2020 y todo fue nervios, emoción, despedidas, entre otras. Algunas llegamos antes a la casa de formación del postulantado, otras llegamos un día antes de nuestra entrada al postulantado. Lo dicho, no todas hablamos español, no nos enterábamos de nada.

Para el mes de febrero iniciamos nuestras clases en el intercongregacional de la ciudad de México, hasta que llegó la pandemia y nos comunicaron que adiós clases presenciales. Así comenzamos nuestra andadura por varias plataformas hasta llegar a Zoom. De allí toda nuestra convivencia con las compañeras de clase, ha sido toda una aventura; sobre todo cuando recibimos talleres para hacer algunos ejercicios o dinámicas.

Nuestros trabajos, clases en casa con las hermanas, en el INTER, nos han ayudado a crecer, a compartir, entre otras situaciones, incluso a orar con un poco de más consciencia. Hemos aprendido a mirar con más detenimiento y detalle la casa; conocer cada rincón y aprovechar al máximo las pocas salidas que hacemos por las calles; sólo para comprar alimentos y algunas otras cosas que necesitamos.

La cercanía ha hecho durante este tiempo, sentirnos más hermanas, no sin nuestros roces, pero más compartir y alegría al comprendernos más. Nos conocemos los gestos y un poco más de nuestros dolores y alegrías.

Llevamos un ritmo único con actividades en línea; talleres, charlas, clases, actividades y celebraciones de la congregación, otras como el poder salir dos días a la semana para celebrar la Eucaristía en la parroquia, hacer las lecturas, tener una pequeña convivencia con algunos hermanos de la parroquia que nos regalan alimentos. Vamos con unos cubre bocas por los que no sale ni entra aire, con pequeños botellines llenos de gel antibacterial a base de alcohol y otro con un líquido que desinfecta toda superficie.

En casa, con exposiciones de algunas asignaturas, representaciones de teatro, pastorelas y porqué no, un poco de baile internacional pues convivimos tres nacionalidades distintas. Aquí se cumple: “Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.” Rm. 12,4-5.

Nuestra vida ha sido acompañada, por Dios y por las hermanas, hemos crecido y seguimos creciendo, nuestra Fe se va purificando, con alegría y esperanza. Nuestro sueño es querer responder a Jesús y su llamada bajo este carisma. Le damos gracias por permitirnos caminar juntas un año. El día 26 de enero de 2020 entramos al postulantado y ahora en 2021, seguimos nuestro proceso para llegar al Noviciado. Sabemos que no es fácil, pero con la mayor ilusión nos confiamos de nuestro Padre misericordioso, porque para él no hay imposibles.

Comunidad del Postulantado